La mirada interior de cuidadores y profesionales

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Lo primero que me surge para hablar de cuidados, de cuidadores es la palabra AMOR. Estos días, recordaba y releía al profesor HUMBERTO MATURANA, que hace importantes, valiosas y  más que interesantes reflexiones en torno al AMOR.

El AMOR, es una emoción, una gran emoción. Cualquier emoción conlleva un paso hacia la acción. No hay acción posible si no hay una emoción que la sustente. Esta en particular, es una emoción “fundadora” y la llamamos así, porque es el amor el que hablando de forma estricta hace posible la vida humana. El amor se construye, desde la ACEPTACIÓN, el RESPETO y la LEGITIMIDAD de las personas entre otros muchos valores. En él son posibles unas determinadas acciones, cuya característica más fundamental es que son acciones normalmente  sin exigencias. Es una emoción tan cotidiana y tan ancestral que a veces nos olvidamos de que está. Esto que es una emoción  y que también puede ser un sentimiento   y  por supuesto un valor, conlleva acciones y comportamientos y desde ahí, desde este concepto es desde donde yo parto para entender  la labor del cuidador.

Es muy difícil entender esta tarea de cuidado si no prima esa emoción amorosa. El problema reside cuando ese amor no es bidireccional y solo va en la dirección al que está frente a nosotros y no hacia nosotros mismos.

LA MIRADA INTERIOR DE CUIDADORES Y PROFESIONALES
El Autocuidado como derecho, necesidad y oportunidad

Cualquier emoción llevada al extremo resulta disfuncional, la alegría está bien aunque no la euforia, el enfado puede ser sanador que no la ira, la tristeza puede ser necesaria aunque no tanto  la depresión. Y el amor llevado al extremo o a una zona cercana, el odio, posiblemente tampoco sea bueno. Digo esto porque en mi experiencia profesional en contacto con muchas personas, muchas que cuidan o lo han hecho, el amor se convierte en un exceso, en una carga y en una obligación, donde la palabra “tú” coloniza la palabra “yo” y la absorbe.

Es importante centrarnos en nosotros como cuidadores activos o potencialmente cuidadores aunque en estos momentos no estemos desarrollando esta tarea además, porque no nos tenemos que olvidar que nuestros derechos, nuestros valores y nuestra legitimidad es algo que también está en nuestra responsabilidad ejercer en nombre de la persona tutelada, de la persona frágil a quien cuidamos.

Desde ese amor del que hablamos, parecen tres conceptos o distinciones:

  • Aceptación
  • Respeto
  • Humanización

Hablamos de distinciones  porque solamente somos capaces de intervenir en aquello que distinguimos y lo hacemos desde el lenguaje. Tener distinciones individuales y colectivas nos va a permitir, hablar en sintonía de los mismos conceptos, poder ver las cosas desde un lugar muy parecido y actuar en una misma dirección.

Y hoy traigo yo entre otras, estas distinciones para compartirlas, consensuarlas y reflexionarlas con vosotros/as.

Hablamos de ACEPTACIÓN, cuando somos capaces de entender que lo que ocurrió en el pasado no lo podemos cambiar, que los hechos vitales que acontecieron y marcaron determinados momentos de  nuestras vidas no está en nuestra mano cambiarlos, no podemos hacer nada, pero sí podemos reinterpretarlos, elegir el modo en que queremos que nos afecten y darles otro sentido que nos permitan intervenir en el curso de lo presente para actuar de un modo más funcional y más amable. Hablamos también de aceptación cuando somos capaces de convivir con las interpretaciones de los demás, con su forma de ser y de hacer sin atribuirnos la verdad de las cosas. Desde la aceptación es posible desplazarse de forma fluida por emociones y estados de ánimo que faciliten la relación de cuidado y autocuidado.

Hablamos de RESPETO, cuando abrazamos la legitimidad del otro/a como ser diferente a nosotros, con sus particularidades, una legitimidad tan válida como la nuestra. Válida para entender sus comportamientos, aunque a veces no se acerquen a lo que esperamos, válida para entender sus emociones aunque no coincidan con las nuestras. El respeto tiene que ver con entender que por mucho que nos acerquemos, el otro es diferente a mí.

Y hablamos de humanización, de HUMANIDAD COMPARTIDA, cuando entendemos que lo de cada uno en particular también está en la persona a quien cuidamos, a quien atendemos.  Cuando hablamos de humanización estamos hablando de trato cálido, de respeto a la intimidad y de protección a la intimidad, estamos hablando más de corazón, que de razón. El trato cálido hace referencia a la prestación de apoyos o cuidados poniendo el foco en el bienestar de la otra persona, evitando generar malestar o sufrimiento a través de un trato apresurado, desde el estrés, poco íntimo; el respeto a la intimidad implica una actitud personal  en la que se ve a la otra persona como un ser valioso, único, desde una vida propia que merece la protección tanto desde la esfera física como emocional y la protección a la intimidad supone el reconocimiento de un derecho y su ejercicio.  Compartir desde valores universales como estos con calidez, con sensibilidad, con empatía y  en definitiva con actitud. Humanizar es acercarnos al otro con cuidado y con amor, viendo su fragilidad y también la nuestra.

En este contexto, entiendo el autocuidado como DERECHO, valor legítimo individual y soberano que incluye muchos otros valores; como NECESIDAD, una gran palabra, que el diccionario de la Real Academia Española define como:

“Aquello a lo cual es imposible sustraerse, faltar o resistir”
“ Carencia de cosas que son menester para la conservación de la vida”
“ Peligro o riesgo ante el cual se precisa auxilio urgente”

Y por último, entender el autocuidado como una OPORTUNIDAD. Algo es oportuno cuando conviene y sí parece que existe un consenso común que nos dice que el autocuidado de profesionales y cuidadores no solo es oportuno sino adecuado. También tenemos otra distinción para la oportunidad que todos entendemos cuando nos vamos a unos grandes almacenes y vemos la sección de “OPORTUNIDADES”. Sabemos que ahí podemos encontrar ofertas, chollos y productos a muy buen precio.

¿Por qué no utilizamos y ponemos atención en cuidarnos como GRAN OPORTUNIDAD?

El gran ofertón  de hoy es reflexionar juntos y plantearnos de verdad que podemos y queremos ayudar a los demás y también hacerlo con y hacia nosotros, porque tenemos derecho a QUERER, no a TENER QUE… El querer parte de la voluntad, elección y deseo individual. El “tener que” es algo que se impone, es la obligación.

No excluyo de esta tarea a los profesionales y las instituciones. Ambos deben hacer un esfuerzo por cuidar y atender el capital más importante que poseen, el humano. Los profesionales, son los grandes valedores de tantas personas frágiles y vulnerables. Debemos comprometernos de forma responsable y generar equipos humanos de calidad y con calidez y ello solo es posible si los profesionales toman conciencia de esta necesidad y desde la dirección y gerencia de las diferentes instituciones, se impulsa y se generan mandos y equipos emocionalmente inteligentes.

No puede haber ningún tipo de cambio en ninguna esfera del ser humano si previamente no hay una toma de conciencia, un despertar, un “darme cuenta”. Si realmente no hay esa toma de conciencia sobre la necesidad, lo único que hacemos es “hacer actividades”, “hacer cosas”, posiblemente sin un propósito y dirección

Adquirir estrategias de autocuidado, a nivel práctico, que ayuden en la tarea diaria, es bueno, conocemos muchas y muy eficaces, como la meditación, técnicas de liberación emocional, recursos de respiro, grupos de apoyo, utilización de recursos de escucha, técnicas para cuidar el cuerpo etc… aunque en mi opinión la piedra angular sobre la que debe descansar este autocuidado reside en un buen autoconocimiento(dominio de uno mismo), la gestión emocional y el desarrollo de competencias emocionales inteligentes.

Será nuestro patrimonio personal de sabiduría y desarrollo emocional lo que más ayude en la relación de cuidado del otro y cuidado de uno mismo.

Cuando hablamos de AUTOCONOCIMIENTO, nos referimos a:

  • Conciencia emocional: capacidad para reconocer nuestras emociones, cómo afectan a nuestros comportamientos y acciones y la capacidad para utilizar nuestros valores como guía para tomar decisiones.
  • La valoración adecuada de uno mismo: sabiendo reconocer nuestros puntos fuertes y débiles y cómo fortalecer estos y utilizar la experiencia como aprendizaje. Visibilización de nuestros recursos, nuestras capacidades y nuestras limitaciones internas
  • Confianza en uno mismo: Tenemos confianza en nosotros cuando nos queremos, nos aceptamos y tenemos certezas con relación a nuestras creencias, nuestros valores y nuestros propósitos.
  • Autocontrol. Capacidad para gestionar de forma adecuada nuestra emocionalidad y nuestros estados de ánimo.

Sin embargo, para poder sensibilizarnos a todo esto es necesaria una pausa mental, una pausa que rara vez nos permitimos. Estamos continuamente en el “hacer” y si no estamos en el “hacer”, ya lo buscamos. Tener la mente ocupada, aunque la mayor parte de nuestros pensamientos sean tóxicos y poco productivos.

La conciencia de uno mismo es un instrumento valiosísimo para hacer cambios. El autoconocimiento es una capacidad clave que desarrolla además un papel fundamental en el control del estrés porque a falta de una atención cuidadosa podemos permanecer completamente inconscientes en situaciones de estrés como pueden producirse en el desarrollo del cuidado y atención de otra persona.

Las personas que tienen una mayor certeza de sus emociones suelen dirigir mejor sus vidas porque tienen un conocimiento seguro de cuáles son sus sentimientos reales y cómo gestionarlos, teniendo más claridad a la hora de por ejemplo, tomar decisiones.

En el núcleo duro de las habilidades blandas, como las denomina Daniel Goleman, están otras competencias que se deberían de desarrollar:

  1. La empatía
  2. La escucha
  3. La habilidad para gestionar relaciones

EL USO DEL LENGUAJE

Y yo añadiría otra que es el uso del lenguaje. Estas habilidades no son nada nuevo posiblemente para los que nos encontramos aquí hoy. Son términos casi manidos, en los que nos sentimos normalmente muy seguros y encantados creyendo que de verdad los controlamos. Sin embargo en la vida cotidiana tanto en el ámbito profesional como en el familiar o personal son muy frecuentes nuestras faltas de escucha, de empatía y de habilidad para gestionar nuestras relaciones.

Y esta dificultad o carencia en estas competencias lo vamos a ver con el siguiente ejemplo:

Maribel, vive con su madre Pilar. Su madre tiene 82 años y está muy enferma, muy dependiente, con movilidad reducida y necesidad de  apoyo constante sobre todo para desplazarse, desplazamientos que realiza siempre con una muleta y apoyada en otra persona. El otro día salieron a cenar con unas amigas y al teatro. A la salida del teatro, Pilar quiso llamar a su hijo para contarle lo bien que lo estaba pasando. Cogió el teléfono y se puso a marcar. Le temblaba el pulso. Su hija que la miraba atentamente, pensó que tenía un episodio de hipoglucemia y enseguida comenzó a preguntarle ¿qué te pasa? ¿estás bien? ¿te está entrando un bajón? Muchas preguntas en batería y sin dejar espacio a ser contestadas. Pilar tenía la boca seca y pidió algo de beber. Le trajeron una coca-cola mientras su hija le quitaba el teléfono de las manos y llamaba ella al hermano……….Pilar estaba bien, necesitaba beber, aunque no tuvo hipoglucemia. Su hija comenzó a regañarla por no se sabe muy bien por qué y salió del teatro airada dejando a su madre al cuidado de las amigas para que la ayudaran a salir……..y diciendo en voz alta “que salga como pueda o como quiera, yo paso”

Durante la cena, en el contexto de la conversación su hija comentó: “el día que falte mi madre todas las fotos que tiene por la casa van fuera……”y esas figuritas de perritos de porcelana, que tiene por la casa colocadas, también, son un estorbo y se limpian fatal.

Mientras decía esto su madre la miraba con tristeza, miedo y resignación.

Esto que bien podría parecer una escena de una película, corresponde a una situación real, en un contexto real y con personas muy competentes, que se supone se conocen muy bien y están formadas.

En este relato quisiera preguntar, dónde está la empatía, dónde está la escucha y dónde se quedó la gestión de la relación. Y sobre todo dónde está el amor. Y esto es algo tan, tan habitual que cuando lo vivimos cotidianamente,  lo hacemos desde la normalidad ni nos damos cuenta. Resulta casi un comportamiento automático.

Sin querer abundar en estos conceptos sí  deseo reclamar  la EMPATÍA como una habilidad social básica. Estar atentos y comprender los sentimientos de los demás supone entre otras cosas respetar la diferencia. La eficacia en el trato interpersonal está en el autocontrol y en esa empatía porque de lo contrario a lo que llegamos es a la ineptitud social y a un fracaso interpersonal reiterado.

La ESCUCHA es otra de las habilidades fundamentales si queremos desarrollar nuestras competencias emocionales. Y en la escucha  incluyo, lo que se dice, lo que no se dice y el SILENCIO. La escucha es el mejor indicador de la calidad de nuestras relaciones. Si la relación no es buena, lo más probable es que escuchemos de quienes participan en ella que no se sienten escuchados y viceversa. El secreto de una buena comunicación y por tanto de una buena relación reside en la capacidad de escucha mutua. Y no siempre deseamos escuchar  a la otra persona. A veces el cansancio, a veces nuestros enfados, a veces, a veces… muchos a veces.

El LENGUAJE y su uso merecería un curso completo. Es ¡¡tan importante lo que decimos!! Es ¡¡tan importante cómo lo decimos!!! Son tan importantes las palabras que utilizamos………. Dependiendo de nuestros pensamientos, así vamos también a desarrollar nuestro lenguaje y nuestra emocionalidad. ¿Somos cuidadosos al utilizar el lenguaje? Nuestra atención debería ir  tanto con el lenguaje que utilizamos con nosotros mismos como con el que utilizamos con los demás.

Cultivar el arte de la palabra y del lenguaje positivo conlleva actitud y aprendizaje. Hablamos por ejemplo de identificar las palabras que nos hacen daño a nosotros y a nuestro entorno y que impiden crecer (ejemplos: imposible, no hay nada que hacer, complicado, es que……, pero…….) hablamos también de expresiones “killer” como: “te lo dije….”, “la próxima vez lo hago yo”, “si lo llego a saber..”, “qué le vamos a hacer”….. Está en cada uno de nosotros sustituir esas palabras, por palabras cuidadoras, palabras que dulcifiquen y serenen, palabras amables, palabras que sirvan para abrir posibilidades, palabras con carga positiva como feliz, enérgico, animada, fantástica, ilusionar, anhelo, tranquilo, serena, potente, apacible, puedo, quiero, sencillez, gusto…….

Hablamos de “habitar” nuestras palabras y desarrollar un lenguaje positivo, porque el lenguaje es un espejo de cómo somos. Este “habitar” de las palabras supone ser conscientes de ellas, vivirlas….y este es el primer paso en el entrenamiento del lenguaje. Las palabras que habitamos, dejan un legado porque  impactan en uno mismo y en los demás;  alimentan la confianza; nos hacen ser auténticos, educan nuestros sentimientos y nos generan nuevas realidades y además facilitan el que generemos relaciones duraderas y vínculos sanos.

EL PODER DE NUESTRAS EMOCIONES

La vida es como un río, tiene un recorrido diferente por según que zonas, algunas veces las aguas son más claras y menos profundas y en otros tramos hay pozas y zonas profundas……Es decir que mantener nuestro equilibrio ante los altibajos de la vida a veces resulta muy complicado. Nuestro bagaje emocional tiene un importante impacto en nosotros como individuos y en nuestras relaciones y mantener en las diferentes situaciones un equilibrio emocional  no siempre es sencillo.

Llegar a gestionar adecuadamente nuestras emociones es un gran reto que exige una dedicación completa. Calmarse a uno mismo es una habilidad fundamental que puede convertirse en un arte; reconocer el enfado y cómo nos afecta puede proporcionarnos información para comportarnos de una manera diferente, antes de descargarlo con alguien; descubrir que lo que nos produce ansiedad y preocupación es el miedo, si sabemos el mensaje que nos trae, puede ayudarnos a gestionar una situación comprometida; saber que en la tristeza podemos encontrar un refugio temporal para recuperarnos de una pérdida, nos puede llevar a hacer los ajustes psicológicos necesarios para hacer por ejemplo un buen proceso de duelo y establecer nuevos planes para que nuestra vida siga adelante.

Las emociones pueden favorecer nuestra capacidad para pensar, para planificar, para solucionar problemas, para modificar nuestro estado de ánimo. Por eso  hablamos de una “aptitud maestra”. Algunas personas la desarrollan de forma natural, y la buena noticia es que también se pueden desarrollar y entrenar en quienes no han desarrollado completamente estas habilidades.

Conviven junto con las emociones que van y vienen, nuestros estados de ánimo. Ellos perviven en el trasfondo desde el cual actuamos. Lo fundamental que diferencia una emoción de un estado de ánimo, es que este último se mantiene de forma estable en las personas mientras que la emoción se produce y se diluye en un breve espacio de tiempo.

Se dice que los estados de ánimo nos “tienen a nosotros”. Y la pregunta es ¿si los estados de ánimo nos tienen, no es posible cambiarlos? Y la respuesta que proponemos es que sí podemos hacer algo desde los dominios del cuerpo y del lenguaje.

Aquí entran en juego, otros dos elementos fundamentales, además de lo emocional: el proceso de pensamiento y nuestra corporalidad, nuestras posturas, nuestra forma de movernos, nuestra respiración, gestos, muecas, carraspeos, nuestro caminar…..

Sírvame esta viñeta para ilustrar lo que quiero decir:

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La conexión entre nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestro cuerpo es total.

Si uno enfoca continuamente todas las cosas malas de la vida, todo lo que no desea y todas las dificultades que existen en el camino y las que se pueden presentar, estamos poniéndonos en un estado que fomenta unos comportamientos y resultados seguramente muy negativos tanto para nosotros como para las personas que tenemos a nuestro alrededor.

˝Nada es tan bueno ni tan malo; es el pensamiento el que lo hace tal˝
WILLIAM SHAKESPEARE

PATRONES HABITUALES QUE SE DESARROLLAN EN LAS PERSONAS (Y LAS QUE CUIDAN TAMBIÉN)


La víctima

Un patrón muy frecuente en el que se desarrolla una conversación personal y pública en la que se pone fuera de uno mismo la responsabilidad, el compromiso con el cambio, la acción……la víctima señala a los demás o al mundo o a Dios, como responsables de lo que sucede en su vida. Las palabras “es que”, “porque” y “tengo que” aparecen constantemente. En este patrón convive un estado de ánimo bastante corrosivo: la resignación. Ya he mencionado que la característica de un estado de ánimo es que pervive en cada uno de nosotros, de forma estable, mientras que la emoción, viene y se va. El estado de  ánimo en el que vivamos, abrirá un espacio delimitado de posibilidades. Unas acciones serán posibles y otras no. Por tanto si un cuidador se ve a sí mismo como una víctima, muy posiblemente desarrollará un estado de ánimo resignado pues “es lo que le ha tocado vivir”. Y esto en nuestras posturas, en nuestros gestos, en nuestra actitud corporal tiene un reflejo y un impacto a nivel físico y emocional.


La queja

En la queja, lo que se expresa es frustración porque las cosas no han salido como esperábamos, una conversación que genera en nosotros y en los demás emociones muy negativas. El lamento continuado, la crítica generalizada, la falta de autocrítica, el “echar balones fuera”, nos sienta muy mal, nos afea, limita la vida y la envejece. La queja hace que nos olvidemos de quienes somos, por donde hemos caminado y apartamos todo lo bueno que la vida nos ha dado reduciéndolo todo y envolviéndolo con la razón de nuestra queja. Para combatir la queja, nada mejor que practicar la GRATITUD, el agradecimiento ante las pequeñas cosas y también hacia las más grandes. No es necesario hacer un gran ejercicio de gratitud; basta quizá con un breve recordatorio antes de apagar la luz. Nada más. Sin embargo practicar este valor, también requiere de consciencia, actitud y entrenamiento. Normalmente nos quedamos en la queja porque suele ser muy adictiva y además encuentra adhesiones en el camino. Abandonarla puede conllevar un mayor disfrute de la vida, con más sentido y con más paz.


El resentimiento

Este patrón, en realidad es un estado de ánimo. Todos conocemos personas resentidas, personas que se relacionan consigo mismas y con los demás desde el enfado permanente. Cuando luchamos por aquello que no podemos cambiar, cuando demostramos incapacidad para aceptar las cosas que nos ocurren en la vida, generamos un espacio donde es muy fácil que aparezca el resentimiento. Tiene mucha vinculación con el sentido de injusticia. Aunque se manifieste en las personas, no es verbalizado de forma abierta, como el enfado o su hermana, la ira. En el ámbito del cuidador este también es un patrón que aparece.

El resentimiento se hace presente en la persona como forma de ser y de ir por la vida incapacitando toda conversación destinada a construir. La persona que vive ahí  se ve afectada por un intenso sufrimiento que se manifiesta en múltiples dominios de la vida (personal, laboral, familiar….)


La resignación

Sería otro gran patrón de comportamiento, que en realidad, también es otro estado de ánimo. En este patrón las personas vivimos pensando que nada puede ser cambiado; no hay futuro posible. Por tanto, no hacemos nada y como no hacemos nada, nada cambia.

Por tanto, si todos estos procesos son tan importantes y determinan muchas de nuestras conductas, nuestras vidas…..¿por qué no les prestamos la suficiente atención y no nos suele parecer importante cultivar estas formas de autocuidado emocional?

Los seres humanos somos pues, tan sumamente complejos, que cuando debemos encarar nuestro “rio de la vida”, nos encontramos frecuentemente con nudos, presas y diques que no sabemos cómo diluir.

La labor de las personas que cuidan o tutelan a otras personas es tan importante y a veces tan compleja que bien merece el espacio de autocuidado, un espacio por derecho, por necesidad y por oportunidad que nos brindan las instituciones y los profesionales.

Ocurre que recibimos poca o muy rudimentaria formación que nos sirva de guía para afrontar los grandes desafíos de la vida. Relacionarnos con nosotros mismos y con los demás en una situación normal ya resulta una tarea nada fácil, así que cuando aparecen situaciones como tener que hacerse cargo de otra persona se añade un “plus” a nuestras dificultades.

Voces muy eruditas en el tema, nos dicen que ampliar nuestro escaso conocimiento sobre los sentimientos y las emociones e integrarlo en nuestros modelos de trabajo, en nuestros contextos cotidianos e íntimos puede suponer un cambio de paradigma y un paso cualitativo en nuestro desarrollo individual, grupal y comunitario.

Es importante facilitar la integración, de cabeza y corazón.

Quiero terminar mi intervención con algunas propuestas para cuidadores y profesionales, conectadas desde la mirada y hacia el alma de la persona que somos cada uno de nosotros y también hacia la persona a quien cuidamos.

PROPUESTAS Y ALTERNATIVAS DE AUTOCUIDADO

EL ESPEJO DEL PROFESIONAL

  • Lo más importante: la actitud
  • Formación y desarrollo personal, mucho desarrollo personal.
  • Autocuidado por parte de los profesionales: primero me ayudo yo, para poder ayudar a otros
  • Cuidado con LOS EGOS: “yo sé lo que tú necesitas”; “yo no necesito nada de esto…”
  • Generando buenos equipos humanos (conocimiento + competencias profesionales+ corazón = equipos “10”
  • Cuidando a los equipos de trabajo
  • Facilitando en la atención directa espacios para que las personas puedan explorar aspectos que pueden estar condicionando una relación cuidadosa tanto consigo mismos como con la persona a quien cuidan.

EL ESPEJO DEL CUIDADOR

  • Lo más importante: la actitud. Apertura a la escucha
  • Formación

Cuidado con los EGOS: “yo sé lo que yo necesito”

“Cuidar de alguien es cuidar de un sujeto de derechos, de un ser singular en la historia que tiene una identidad esculpida a lo largo del tiempo y que el cuidador debe saber respetar y promover en la medida de sus posibilidades.”
Francesc Torralba

 

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