Desde hace tiempo, son muchas, las voces que reclaman espacios de autocuidado profesional. Parece claro que la calidad de los cuidados profesionales dependen del estado físico, emocional y mental del que cuida. Somos y hemos sido entrenados en técnicas, instrumentos, recursos y procedimientos, olvidándonos del más importante; nosotros mismos.
Es necesario reconocer el valor que el conjunto personal del profesional aporta en su actuación. Por ello todo el tiempo que invirtamos en ser más lúcidos, más equilibrados, más saludables, más cálidos beneficia de forma directa a quien recibe algo de nosotros. No se trata de realizar un taller, o de leer un libro. Para que haya un buen desarrollo profesional, debe haber desarrollo personal y este es un largo camino que conlleva autoconocimiento, autocontrol, autoestima, asertividad, aceptación, confianza y en definitiva, desarrollo de habilidades intra e interpresonales.
El disponer ya de espacios compartidos de reflexión, experiencias y vivencias supone una oportunidad para revisar “lo de cada uno” y “lo de todos”.
Los y las trabajadores/as sociales formamos parte de ese grupo de profesionales que tocamos “lo humano” tan de cerca, que es una necesidad, un derecho y una oportunidad el poder contar con momentos de “parar” y “revisar”, para poder seguir acompañando a personas en sus procesos de cambio, en sus historias de vida, en sus aflicciones, en sus incertidumbres, en sus alegrías y en sus decepciones.


Trabajadores sociales, educadores, técnicos y en general cualquier profesional que desee avanzar en su trabajo y en su desarrollo personal.

Una jornada por la mañana de 9.00-14.00 y de 16.00 a 19.00h


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Comenzaremos por el principio:


Estrategias sencillas de autocuidado: a veces menos es más
El botiquín del ánimo
Reciclar emociones, cultivar el silencio, cuestionar pensamientos, revisar nuestro lenguaje, utilizar el humor.
